Gilda & Young

Aún recuerdo cuando no me gustaba que las óperas representaran otras épocas o culturas que no se correspondiesen con las que concibió su autor en el libreto. Renegaba de que Agrippina se trasladara al Dallas de la teleserie ochentera, o que alguien saliera disfrazado de Superman en Un baile de máscaras. Me parecía casi una ofensa, pero se trataba de la rigidez que supone la búsqueda de una coherencia máxima un tanto ridícula y que se cura con la edad. Ahora casi lamento que no se produzcan anacronismos. Como cuando una vez vimos el Macbeth de Shakespeare trasladado a una sórdida cárcel contemporánea en la que Lady Macbeth era una hombre, igual que antaño.

Ya incluso persigo la mezcla intertemporal, porque yo mismo me siento fuera de época muchas veces, por ejemplo cuando voy a la playa y los jóvenes mueven la cabeza al son del trap en español que parece filtrarse directamente desde sus tatuajes, desde un Spotify subcutáneo, mientras que las letras retumban en sus cortes de pelo a lo indio apache. Procuro escucharlo y comprenderlo con cierto positivismo, al igual que intentaba atender a lo que decían los curas cuando acudía a misa de pequeño, pero al cabo de dos minutos, mi atención se va irremediablemente a otra parte y  entonces busco una canción que me haga sentir cualquier cosa, a la par que cambie el sabor que la música siempre deja dentro de la cabeza. En esos momentos, bien pudiera aparecer Like A Hurricane de Neil Young, pero desde hace unos meses, junto a los punteos tan emotivos del canadiense, también brotan imágenes de Rita Hayworth, de Gilda, de la gran película de Charles Vidor. Cinta que será siempre recordada por una escena que todo el mundo conoce y que provocó que en España algún espectador lanzara un bote de pintura negra contra la pantalla, poco después de su estreno, para protestar así por mostrar tanto erotismo en público. Ahora nos parece exagerado, porque se trataba simplemente de una mujer que se quitaba unos guantes, pero ¡qué mujer y qué guantes! Yves Saint Laurent sostenía que no existía acto más sensual que una dama quitándoselos.

Si bien la escena ha pasado a la historia del cine, a mi me gusta más otra en la que un camarero da fuego a Gilda e intercambian unas breves palabras que decían algo así:

-Todo tan abarrotado y tú tan sola.

-¿Cómo lo sabes?

-Fumas demasiado, me he dado cuenta. Solo la gente frustrada fuma mucho, solo la gente frustrada se siente sola.

-¡Qué mono!

Además de los triángulos amorosos explícitos e implícitos, la propuesta del cineasta de origen húngaro trata de soslayo la soledad, porque a todos ellos se les nota a su manera,  y siempre andan escudándose en respuestas cínicas con actos humillantes para evadirse de ella.

La película se rodó en 1946, un año antes de que naciera mi padre y la canción de Neil Young se grabó en 1977, un año después de que naciera yo. Más de treinta años separan a ambas obras de arte y sin embargo, cuando vi un vídeo en Youtube que casaba las dos, me pregunté por qué no se le había ocurrido hacerlo antes a nadie. No sólo cuenta parte de la película sin diálogo alguno en siete minutos, sino que los movimientos de los personajes se acompasan con los acordes de la canción y la guitarra de Neil Young ejerce de conversación en un idioma incomprensible que se entiende y cambia de significado según el humor con el que se escuche. El ritmo de la batería y el contoneo de Rita Hayworth se sincronizan y parece como si el grupo Crazy Horse estuviera tocando en la fiesta llena de confeti, como si se hubieran metido en un Delorean y aparecieran tres décadas atrás, en el baile en el que Marty Macfly dejaba con la boca abierta a los adolescentes con su sonido de otro tiempo.  Los aplausos del público cuando Rita termina su número después de desnudarse de su célebre guante coinciden con los de los asistentes al concierto tras acabarse la canción, porque se trata de una versión en directo de 1982. No importa que los personajes de la película lleven elegantes smokings negros y los del concierto solo fumen en camiseta, con vaqueros y probables greñas. Los dos se rinden a lo evidente y no es otra cosa que acaban de presenciar algo memorable.

La canción también trata la soledad de algún modo, la del tímido que no se atreve a hablar a una mujer que acaba de observar desde el fondo de un bar por la noche, porque la ve en su imaginación cual huracán que lo apabulla desde sus ojos marrones calmados. 

Lo mejor del vídeo es que después de verlo decenas de veces seguidas, se pueden leer los comentarios que deja la gente con los que suelen compensar todas las burradas que se sueltan en otros lugares. Youtube, o por lo menos lo que yo veo, se pudiera considerar una isla paradisiaca en la que no se suelen resolver los asuntos a garrotazos. Todos cuentan su vida y con ello la hacen universal. Algunos se contestan y se establecen ciertos diálogos, casi siempre desde el respeto. En ese sentido, me gusta hurgar un poco en los sentimientos de los que no conozco. No de forma cotilla, sino cual lector de una novela, espectador de una película u oyente de una canción. 

Entre los comentarios, las enfermedades aparecen en numerosas ocasiones, porque la música suele recordar a seres queridos que ya se fueron, también se observa mucho la expresión: “cuando era joven”, para contar una anécdota del pasado. Solo algunos copian y pegan lo que encuentran en otros vídeos y de vez en cuando hay que tragarse el denostado: ¿Quién está escuchando en 2020 los arreglos de María Jesús y su acordeón? Se puede sustituir el año por cualquiera de este siglo y la canción por cualquiera de la segunda mitad del siglo pasado.

Supongo que por eso Neil Young pega tan bien con Gilda, al igual que muchas obras de Robe Iniesta por ejemplo, tendrían cabida en una ópera italiana del siglo XIX, porque lo sentido nunca se pasa de moda y se repite una y otra vez sin que nos cansemos nunca. 

4 comentarios sobre “Gilda & Young

  1. De la insignificante variabilidad del paso del tiempo hablábamos hace poco. Justamente de eso escribía hoy. Imagino que mientras que la vida del ser humano siga basándose en nacer, crecer y morir, seguiremos siendo copias repetidas de algún pasado y la mejor forma de atisbar el futuro sea tomar nota de la historia. Aunque se me escapen algunas referencias y aunque mi única tentativa en la ópera acabara con una bochornosa siesta, un placer leerte, compañero. Adelante!

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