Luke Winslow King

Una forma de llevar la nostalgia un paso más allá es mediante la nostalgia no vivida. Si en la primera solemos idealizar el pasado, podándolo hasta quedarnos con un perfecto y algo artificioso bonsai, en la segunda creamos un pasado de la nada. Aunque en principio puede parece un ejercicio aun mas artificial, personalmente me parece mucho más honesto ya que nadie llamaría farsante a un escritor por inventarse a sus personajes o sus hazañas.

Creo estar en paz con mi pasado y disfruto cuando me imbuyo de lleno en él. Sin embargo, me atrae mucho más retrotraerme un poco más en el tiempo y sentir la nostalgia de lo que nunca viví. El cine y la literatura ayudan mucho y logran ese efecto de modo certero, pero no hay nada mejor que música en directo para que lo ficticio supere en realismo a la propia realidad. Sí, es difícil y a mi solo me ha pasado dos veces en la vida, pero la sensación es muy placentera.

La primera vez ocurrió en un concierto de Paul McCartney hace más de diez años dónde Sir Paul repasó de forma brillante su aportación a The Beatles, con guiños incluidos a George Harrison, fallecido dos años antes. Recuerdo perfectamente como la nostalgia que sentía era tan real como la de los espectadores que tenía delante, que si vivieron esa época y la estaban rememorando con todos los sentidos, por los efluvios de cannabis que se percibía. Si bien en un principio me resultó un poco aterrador, ya que llegue a dudar de mi salud mental, luego me dejé llevar y disfruté tanto como lo hubiese hecho mi padre.

La segunda vez fue ayer, en un concierto de un perfecto desconocido hasta pocas horas antes del mismo. Si hace más de una década me salté una generación para convertirme en mi padre, anoche me salté dos y me transformé en un abuelo que vivió la gran depresión americana vagando por el sur estadounidense a bordo de un tren de mercancías con una armónica y guitarra a cuestas. Parecía estar viendo esos campos de trigo tan bien retratados por John Steinbeck o la desesperanza seguramente vivida por Tenesse Williams y que le sirvió años después para convertirse en un célebre dramaturgo. Aunque la época que evocaba era dura y áspera, no transmitía tristeza o desazón, sino todo lo contrario, alegría y energía de un personaje que seguramente no superaría su adversidad, pero que no dejaría bajo ningún concepto que sus infortunios le destrozara del todo, dejándole siempre capacidad para seguir cantando y sonriendo.

Y digo personaje, porque el susodicho creo que era más joven que yo, con lo cual también estaba ejercitando una nostalgia no vivida. Eso o realmente era un coetáneo centenario de Woody Guthrie que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos y logró la eterna juventud. Por su indumentaria a juego con la época, bien podría serlo.

Después del concierto pude intercambiar unas palabras con el intérprete y le pedí que me recomendara uno de sus discos ya que reconocí que unas horas antes no le conocía. Me recomendó el último y al escucharlo en el viaje de vuelta a casa, me decepcionó, como suele pasar con los músicos de verdad, ya que resulta imposible repetir una y otra vez, cuando uno quiera, lo que transmiten en el escenario.

Se hace llamar Luke Winslow King.

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